Por Omar Ruiz Gutiérrez

Una de las calificadoras de deuda más importantes en el mundo, Moody’s, ajustó su pronóstico de crecimiento económico para México para dejarlo en un nivel de 1.4% para 2017. Este movimiento está en la trayectoria que se esperaba pues las amenazas de políticas arancelarias de Trump ya han desestimado las proyecciones de BBVA, JPMorgan entre otros.

Esto ha sido así pues los deseos de inversión en diferentes regiones del país se han visto afectados por la incertidumbre del tipo de cambio y a que se ha oscurecido la posibilidad de que las políticas proteccionistas orientadas a generar mayor inversión en Estados Unidos pudieran tener un efecto positivo para la economía mexicana dada la estrategia de repatriación de capitales de nuestro vecino del norte. Esto es, ya se ha perfilado la posición comercial del principal comprador de exportaciones de México de manera momentánea, y es momentánea pues en semanas próximas podría existir un vuelco más a las negociaciones del nuevo Tratado de libre comercio y generar una vez más mayores presiones en los movimientos de capitales, provocando movimientos sucesivos en el tipo de cambio.

La importancia de las previsiones del crecimiento es que estas son tomadas en cuenta en las decisiones de política que apuntan a la inflación. La demanda de bienes importados se reduce en las industrias cuyos insumos son comprados en dólares y que no cuentan con ingresos en dicha divisa, también se reduce la inversión de las industrias que dependen de la compra de bienes de capital en dólares lo cual afecta el crecimiento económico.

Estos efectos de corto plazo del tipo de cambio a nivel de demanda por bienes extranjeros, se complementan con el efecto de la demanda extranjera por productos mexicanos. Banxico proyecta que a pesar de que el dólar más caro también abarata las exportaciones mexicanas, no existe una presión sobre los precios de la economía por el lado de la demanda (mayor demanda, mayores precios) y por tanto el dólar más caro no afectaría los precios por medio de un exceso de demanda de bienes y servicios en el corto plazo. Sin embargo, la atención está en la reciente liberalización de los precios de la gasolina pues influyó en el aumento de precios observado a inicios de año.

A pesar de que estiman que este efecto no desatará un proceso inflacionario recurrente (los precios del petróleo han ido a la baja) y una vez asimilado este incremento no debieran existir ajustes exorbitantes generalizados en el largo plazo, se procedió a aumentar la tasa de referencia con lo que se esperaría anticipar la volatilidad de las próximas semanas y evitar expectativas adversas que podrían desencadenar un proceso inflacionario mayor.

Además parecen reconocer implícitamente que existen mecanismos de largo plazo que podrían afectar la inflación por medio del tipo de cambio y por medio de los efectos diferenciados que tendría el ajuste de los precios de la gasolina en cada actividad económica en el mediano plazo. Estos efectos son los que podrían afectar consistentemente la inflación en México en 2017. A su vez, las políticas adecuadas para contenerla podrían interferir en la tasa esperada de crecimiento económico por medio de hacer más costosa el financiamiento de la inversión y retrsasarla.

Si bien se podría contener una espiral inflacionaria mientras todo sale bien con nuestro vecino del norte, y el petróleo mantiene su tendencia a la baja, lo más probable es que el nivel de crecimiento sea nulo y se experimente un ensanchamiento de la brecha del producto con los Estados Unidos. Este es el reto de Banxico y de muchas familias mexicanas que podrían ver disminuidas fuertemente tanto su ingreso efectivo como su capacidad de compra durante el 2017.


Omar Ruiz Gutiérrez es Licenciado en Economía por la Universidad Nacional Autónoma de México y es analista de riesgo en una prestigiosa institución bancaria.

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