Por Guisela Frid Chernitzky

Emigrar  de un país a otro podría ser considerado como uno de los derechos humanos más importantes, ya que significa la posibilidad de un ser humano de poder buscar mejorar y darle dignidad a su vida.

 ¿A qué se enfrenta un emigrante?

Primero a dejar su país, el lugar donde ha vivido siempre, donde se queda una parte de sus costumbres, su cultura y un pedazo de su corazón, su idioma, su visión de la vida.

Segundo va buscando un sueño, un sueño de mejoría, de libertad de esperanzas y de aceptación, emigrar es una esperanza de dignidad.

Sin embargo, no hay facilidades, los ideales no siempre se cumplen, vivimos en un mundo sobrepoblado, sin suficientes empleos, con discriminación en distintas formas y niveles.

Existe hostilidad física, verbal y de acciones, además de  violencia legal, económica y política en el nuevo país al que vaya.

Los ciudadanos del país donde alguien emigra están en ventaja, saben el idioma, conocen la idiosincrasia y los usos y costumbres de las personas con las que conviven diariamente, en ocasiones esto les da  un aire de superioridad la cual no dejan de hacerla sentir a los emigrantes.

Además, ya de por si es una difícil situación  dejar de vivir en su país para llegara otro y se tiene que enfrentar a los desajustes culturales,  emocionales, físicos, de adaptación,  nuevas leyes, distintas visiones de políticos, fórmulas racistas, discriminatorias, económicas y hasta de vivienda.

Existen zonas en países como Estados Unidos donde no les rentan casa a emigrantes de América Latina o de países musulmanes.

Cuando el emigrante logra llegar a su destino, se adapta, trabaja mejora su vida, logra comprender los nuevos valores culturales, pero surge un evento como el fatídico 11  de septiembre en Estados Unidos o un nuevo líder como Donald Trump y el ciclo de desventura comienza de nuevo: la desesperanza, la persecución, la generalización sobre la maldad y la expulsión.

Regresa la depresión, la pobreza y en algunos casos terribles termina con el suicidio, como el caso de un emigrante de Tijuana.

El derecho a emigrar y lo que ello significa debería ser una urgente revisión de los dirigentes y los intelectuales del mundo.

La mundialización del comercio, no significó  en ningún sentido la apertura de las fronteras a las personas que requieren emigrar por distintas causas, basta  observar el calvario de los sirios, somaliés en hambruna, mexicanos, salvadoreños, etcétera.

La sensación con las nuevas leyes migratorias de Estados Unidos y de Europa, me lleva a sentir y pensar en una especie de regresión social la etapa del nazismo.

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Guisela Frid Chernitzky es sociólogoa e investigadora de la UNAM y se ha desempeñado como profesora en escuelas de prestigio como la Escuela de Periodismo Carlos Septién García y la preparatoria Tomás Alva Edison.

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